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¡Hagamos las maletas!

¿Por qué la idea de organizar un viaje es más emocionante para unos que para otros?… ¿Será porque viajar nos hace salir de nuestra zona de confort? Si esta hipótesis es cierta, puede que la idea de viajar no sea una banalidad… de ser un viaje a otro país, puede convertirse en un desafío a nuestras capacidades para resolver problemas. Un reto que nos pone a prueba en lugares desconocidos, donde viven personas con costumbres diferentes y donde tenemos que adaptarnos por un breve tiempo.

Recuerdo tanto cuando tuve la oportunidad de hacer el primer viaje fuera de mi país de origen, Colombia. Fue una de las experiencias más enriquecedoras a nivel cultural que haya podido tener… Conocí personas y lugares completamente diferentes a lo que estaba acostumbrada a ver, aprendí a hablar otro idioma, comí platillos deliciosos, pero sobretodo, abrí los ojos al mundo y a lo importante que es descubrirlo.

Sin darnos cuenta, cuando viajamos, nuestros sentidos están más atentos a captar el mayor número de estímulos, nuestra mente se enfoca en el presente, en los olores, colores, sabores, personas, costumbres, paisajes, texturas y todo aquello que es nuevo para nosotros. Estando fuera de nuestra zona de confort, nuestro cerebro está más atento y nuestras capacidades de resolver problemas se ponen a prueba, a medida que alimentamos nuestra experiencia. Toda esa información es procesada por nuestro cerebro y entra a ser parte de nuestra personalidad y de nuestra visión del mundo.

Por eso, estoy convencida de que el verdadero valor de hacer un viaje está en el hecho de poder ampliar nuestras perspectivas, de ser cada vez más flexibles a los cambios, más empáticos, más curiosos, más creativos… Un momento. Esta parece la descripción de las cualidades interpersonales de los profesionales del presente.

Sí, es cierto. Está comprobado que los viajes son una fuente de inspiración constante. Tanto es, que me atrevería a decir que viajar es un buen ejercicio para activar ambos hemisferios de nuestro cerebro, ya que, por un lado, nos hace más creativos y observadores; pero, por otro lado, nos ayuda a ser más previsivos y organizados, visto que debemos coordinar una serie de factores y tiempos de la mejor manera posible.

De manera inconsciente, el salir de la rutina y hacer un viaje nos hace mucho más hábiles para resolver problemas y proponer soluciones velozmente. Entre más lejos sea el viaje, mayor será el desafío.

Y tú, ¿Cuál es el viaje que más recuerdas?

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